Las travesuras urbanas de Maracuyá, Fruta Ácida


Las travesuras urbanas de

                   Maracuyá, Fruta Ácida



Señales de vida
 

Elisa Montero Quijije, de 28 años, se hace llamar Maracuyá, Fruta Ácida en el mundo artístico.
Elisa Montero Quijije, de 28 años, se hace llamar Maracuyá, Fruta Ácida en el mundo artístico.
Ella es una fruta. En el arte urbano es Maracuyá, Fruta Ácida. No siempre se llamó así. En 1984, cuando nació en Guayaquil, sus padres la bautizaron como Elisa Montero Quijije.

Un sábado por la tarde voy a su encuentro. Es una fruta, pero no vive en el campo. Vive en uno de los bloques de Sauces VI. Ahí, sobre un muro, a pocos metros de su departamento-taller, ella y sus compañeras de La Travesura han realizado un colorido mural.

Contra ese mural le disparo unas fotos a Maracuyá, una muchacha de 28 años que luce un corte urbano hecho a pura máquina eléctrica y cuchilla. Dueña de una sonrisa metálica por su frenillo.

Cuándo empezaste a dibujar, indago de una. “Tenía el don, creo”, responde y recuerda que era una niñita cuando Elisa Quijije –su madre– la ponía a pintar con su lápiz de ojos y le decía: “Tú vas a pintar de grande. Siempre tuve el apoyo de mi mamá, ella me matriculó en Bellas Artes y me compraba los materiales”.

Elisa pertenece, según ella, a la mejor generación de Bellas Artes: Andrea Arellano, Juan Caguana, Juan Carlos León, René Ponce, Andrea Ramírez y Michael Vera. Su madre también la matriculó en un curso de fotografía que le ha sido útil para pintar y realizar murales.

Ella es pata caliente, ha realizado travesías de aprendizaje. En el 2007 estuvo en Suiza y regresó en el 2010 a Berna a realizar su exposición: Chao, chao, me voy –acrílicos sobre cartulina– junto a su amigo Que Zinin, que presentó unas instalaciones loquísimas.

Esos acrílicos de Elisa correspondían a un viaje iluminado que hizo en el 2008. Partió por vía terrestre hacia Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Cuenta que en las cascadas de Cuela, Perú, un indio le regaló un cactus San Pedro que bebió en Coroico, Bolivia. Esa experiencia fue decisiva.

“Yo siempre pinté –confiesa Montero–. Pero a partir de ese mes que estuve internada en Bolivia, empecé a pintar así, como ahora. Sentí que me desprendí de la tierra para empezar a pintar más sobre mis pensamientos. Ahí cambió todo, ahí comenzó todo”.

Luego prosiguió a Buenos Aires, donde hizo amistad con Nicolás Barona y Ezequiel Millares, quienes tenían un grupo de folclor argentino. Ella pintaba, realizaba cursos de historia del arte, costura y títeres, así cree que hizo su propia escuela y universidad.

Fue en su segunda estadía en Suiza cuando incursionó en el arte urbano: “Mis amigos subversivos me decían: ‘Tenemos que tomarnos los medios y la única forma es tomarse la calle’. Entendí. ¡Vamos!”. Para pintar en la calle se requiere de seudónimo de combate, ella se nombró: Maracuyá, Fruta Ácida. Porque en Europa cuando se enteraban de que era ecuatoriana siempre la relacionaban con esa fruta.

White paste es la técnica que ella emplea cuando hace afiches gigantes y pega en las calles, también pega strikes. “Es más fácil, sales, lo pegas, dejas tu mensaje y se concreta la idea. No importa si a los pocos minutos lo saquen, lo que importa es que lo vean, aunque sea una sola persona”.

El año anterior, en un festival en Cuenca, Maracuyá se conoció con las artistas urbanas Mango y Vane Coco, con quienes deciden hacer una ensalada de frutas. El colectivo femenino de arte La Travesura, al que después se suma Lisettabart.

“Nuestro objetivo es que la mujer no pase desapercibida”, dice Maracuyá, quien además ilustra libros infantiles, pero no religiosos; vende sus cuadros a una galería suiza, hace retratos con su estilo, desea este año imprimir Coroico, su libro de arte, y participa en varios talleres y tiendas de objetos que diseña y pinta. Quienes deseen saber más de ella y sus artes visítenla en la página: www.maracuya-fruta-acida.blogspot.com/Elisaesunafruta.
Enlace corto: 


Guayaquil, Sabado ,7 de Julio 2012 .


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